Matando judíos

Antes de que alguien se asuste después de haber leído las referencias a la matanza de semitas y los pogromos de los últimos dos posts… no, no se trata de que me haya armado con una recortada o un arcabuz y haya salido a la caza del hebreo, sigo siendo una mujer pacifista y respetuosa para con otros credos y etnias.

Si en León, en Semana Santa, alguien te incita a “matar judíos” sólo quiere que disfrutes de las magníficas limonadas que se consumen en todos los establecimientos de la ciudad por estas fechas. La limonada es un brebaje espirituoso compuesto básicamente de vino, limones, naranjas, canela y azúcar reposado durante una semana. Cada maestrillo tiene su librillo y hay quien añade plátanos, higos o pasas, todo sea por alzarse con el trofeo a la mejor limonada del Barrio Húmedo.

El origen de la políticamente incorrecta expresión no está claro. De todas las elucubraciones que he leído acerca de la procedencia del término me quedo con la que sigue. Hacia el año 1320 comienzan a difundirse por los reinos cristianos de la Península las habladurías que imputaban a los judíos la profanación de hostias y envenenamiento de aguas y se convierten en chivo expiatorio de la llegada de la Peste Negra que asola la región. En este contexto de frágil convencia, los cristianos, espoleados desde los púlpitos, culpaban a los judíos de la muerte de su salvador y, en Viernes Santo, armados de guadañas, hoces y cuchillos, se dirigirían al barrio de Santa Ana, el barrio judío en aquella época, clamando venganza. Ante la gravedad de las agresiones, las autoridades se ven obligadas a tomar medidas. A pesar de ser época de abstinencia, se autoriza a vender en las tabernas una bebida alcohólica, más suave que el vino, rebajada con agua, limones y azúcar, con el fin de que las hordas cristianas, en el camino hacia a Santa Ana, se calmasen y llegasen a su destino anestesiadas por los efluvios del brebaje evitando así una matanza.

Sea cual fuere el origen de la expresión, que a nadie le quepa duda de que aún mataré unos cuantos hebreos de aquí al Domingo de Resurrección… y es que… “limonada que trasiego, judío que pulverizo”.

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