Un minuto para el absurdo

Cuando se celebraban elecciones, el Maestro solía ser el primero en acudir al colegio electoral.

Nunca pudo comprender por qué algunos de sus discípulos renunciaban a ejercer su derecho al voto.

“La gente está dispuesta a pagar impuestos y a derramar su sangre por la democracia”, decía. “Pero, ¿por qué no se toma la molestia de votar y hacer que funcione?”.

De Un minuto para el absurdo

Anthony De Mello

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